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«Las ponen en bolsas y las abandonan en Jalisco»

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Entre sembradíos recién chamuscados se dibuja una solitaria carretera . Nos adentramos al “tiradero de mujeres”, llamado así por los policías municipales. Los demonios de Ciudad Juárez se mudaron… Rondan los fraccionamientos de pequeñas casas devoradas por las colinas. Desde aquí los pobladores deben subir para tomar el transporte público.

Los rayos del sol laceran la piel, un problema minúsculo frente a las caminatas por estos senderos donde los feminicidas andan sueltos.

Aquí han sido hallados cuerpos mutilados. Tlajomulco de Zúñiga es una zona dominada por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). En diciembre del año pasado fue capturado en este territorio Rubén Oseguera, hermano de El Mencho, líder que mandó derribar un helicóptero de las autoridades.

Desde Guadalajara nos encaminamos por esta carretera de aceras ardientes. Atrás dejamos la zona de narcobloqueos. El paisaje muta en minutos. En esta ruta se trafican precursores químicos. “Es zona de narcolaboratorios. Aquí los Beltrán Leyva producen la metanfetamina y Jalisco [CJNG] se encarga de la distribución y narcomenudeo”, nos dice una fuente policiaca.

Pero el narco sólo es una de las tantas facetas de los criminales. En este paraje el asesinato de mujeres está dejando huella. Tlajomulco es uno de los ocho municipios incluidos en la Alerta de Violencia contra las Mujeres que emitió el gobernador Aristóteles Sandoval Díaz.

Los otros son Ameca, El Salto, Guadalajara, Puerto Vallarta, Tlaquepaque, Tonalá y Zapopan. Jalisco tuvo el año pasado 150 asesinatos de mujeres, de acuerdo con la doctora Guadalupe Ramos Ponce y verificada con fuentes de la Fiscalía General del Estado (FGE).

A lo largo de kilómetros desolados se observa a mujeres caminando con el mandado, sentadas en paradas de camiones abandonadas, algunas serpenteando entre pastizales secos donde han aparecido cadáveres desnudos con marcas en el cuello, boquetes hechos con cuchillos, plomo sembrado en su anatomía o descuartizados dentro de bolsas. Casi todas fueron violadas, un patrón revelado en la investigación de Ramos Ponce: el sexual sistémico. Por la noche esta geografía es una trampa mortal, como aquella que recorrían las juarenses tras su jornada en las maquilas.

De igual manera, los hogares son semilleros de violencia. En la Colina de los Robles nos detenemos. El pasado 14 de enero en la casa 441 fue asfixiada por su pareja la joven Maribel Olivera. Las paredes del pueblo anuncian las victorias del PRI; ninguno alude a las mujeres.

No hay teléfonos de emergencia, botones de auxilio, sólo polvaredas y propaganda electoral. En casi 60 minutos de trayecto no aparece una sola patrulla. Los únicos ojos atentos a cada movimiento son los de los halcones del crimen organizado, quienes nos clavan la mirada desde su moto y sacan un radio para hablar.

La misoginia se introyectó en el imaginario jalisciense desde hace décadas, según organizaciones sociales como el Comité de América Latina y El Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem).

Las cruces rosas empezaron a clavarse a lo largo y ancho de la entidad. Desde 1997 hasta la fecha fueron ultimadas mil 344 mujeres (150 en 2015 y 28 en lo que va de 2016). Se conformó un sistema en torno a la violencia contra las mujeres, a decir de expertos. Los infiernos del Estado de México, Puebla, Guanajuato, Quintana Roo y Chihuahua se replican aquí.

Te volveremos a ver…

Sus ojos eran cafés y resaltaba el brillo de su mirada acompañado de sus pestañas realzadas, tez blanca, nariz chata y sonrisa edulcorada.

Así era Katia Lizette Gardea Martínez de 22 años. “El cielo recibió un ángel en forma de jirafita”, se lee en un mensaje que escribió su prima. Su caso, como otros, se hundió en el silencio.

El cuerpo de Katia apareció en Tequila con fracturas en el cráneo y hemorragia generalizada. Fue vista por última vez el 13 de febrero cuando salió de su casa en Hogares de Nuevo México, Zapopan, ese otro pequeño infierno que a pesar de tener complejos hoteleros, residenciales y restaurantes de punta, también tiene zonas marginadas.

Ahí las mujeres también padecen asedio. Su frontera es Guadalajara. Después sigue Tlaquepaque y Tonalá. El “corredor feminicida”.

Uñas rotas, dedos fracturados, moretones en los brazos y antebrazos, así como ropa destrozada, son los síntomas de que las mujeres lucharon hasta el final por su vida. Con el paso del tiempo, Edgardo —nombre para proteger su indentidad y evitar represalias de sus superiores— se ha percatado de ello. Ha presenciado las escenas del crimen. Con frialdad mira los cadáveres, pero cuando su rol en la fiscalía acaba al final del día, tiene sentimientos en torno al dolor ajeno. “También uno siente”, dice.

Durante la charla suspira. “Por semana, aproximadamente, son tres o cuatro mujeres violentadas (…) Las matan más con arma de fuego. Antes era la estrangulación, después golpes, luego arma de fuego e instrumentos cortantes. La zona metropolitana es la más grave”.

En su Estudio del feminicidio en Jalisco, la doctora Guadalupe Ramos Ponce señala que la zona conurbada y metropolitana es la que presenta el mayor número de asesinatos.

Por la noche abordamos un taxi para recorrer Zapopan. El ruletero Alejandro Llano, cuarentón de bigote tupido, nos lleva por carretera rodeada de milpas, casi en penumbra.

“No, no, aquí no pasa nada de eso”, responde cuando le pregunto sobre los asesinatos. Pero hace poco más de un mes los ojos de Katia fueron apagados. Los recuerdos quedan, pero la justicia aún no llega. “Algún día te volveremos a ver”, escribieron sus familiares.

Imitan al crimen organizado

Dos bultos estaban tirados en un terreno baldío frente a una barda de ladrillos grafiteada, entre las calles de La Barca y Arandas, en Tonalá. Estaban cubiertos con bolsas negras, amarrados con cuerdas y pedazos de cinta canela. A lado de ambos estaban dos extremidades y una cabeza sobre el pasto.

Se veía el cabello teñido de rojo junto a basura y hojas secas. Eran vísperas de Navidad de 2015 cuando Paulina Velasco, de 26 años, y Nicole Córdova, de 23, no regresaron a sus casas.

Ambas eran edecanes y presentadoras de productos en la televisión local.

Las dos recibieron un tiro en la cabeza. Paulina fue desmembrada. Los familiares las identificaron hasta el lunes 28.

Casos como los anteriores son desestimados por las autoridades por los grados de violencia extrema. “Hemos tenido casos que simulan ejecuciones como si fueran del crimen organizado. Hubo un caso en que apareció el cuerpo de la chica, ejecutada, violentado. Fue el esposo el que hizo todo (…) En el caso de ellas [Paulina y Nicole] hay una descalificación por el trabajo que desempeñan (…) y por eso desde las autoridades no hay una investigación exhaustiva”, señala la experta Guadalupe Ramos Ponce.

De acuerdo con la experiencia de Edgardo en la Fiscalía, “pasa un fenómeno colateral donde el esposo, amante o conocidos las estrangulan y posteriormente las cortan , las meten en bolsas y se deshacen del cuerpo. Ellos quieren simular que es el crimen organizado, pero haciendo las pesquisas correspondientes se determinó que fue su pareja sentimental o su conocido.

Del par de amigas se conoce poco. Los familiares no aceptaron hablar. Paulina tiene mil 7 seguidores en su página de Facebook. Carlos, uno de sus mejores amigos, la extraña. Eran cercanos. “Sabía escuchar a las personas y se preocupaba por sus amigos”. Le viene a la mente la ocasión en que un mesero la acosó mientras comían. “Ni la dejó comer a gusto”.

Los demonios feminicidas andan por Jalisco. Nada se sabe de justicia aplicada en nombre de Betsabé, Nicole, Paulina, Katia o Gabriela Jacqueline Ayala, quien no quiso ser novia de Luis Enrique Ruiz y en respuesta recibió dos tiros en la cara en 2015.

La lista es amplia. Las familias se desmoronan cuando el silencio se extiende. Su epitafio se escribe con la palabra impunidad.

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