Lanzan la cuarta entrega de ‘Millenium’: ‘Lo que no te mata te hace más fuerte’

1289599Con autorización de Destino (Planeta), reproducimos un fragmento de la cuarta entrega de la exitosa saga sueca, firmada esta vez por David Lagercrantz

Capítulo 9
Noche del 20 al 21 de noviembre

Lisbeth se despertó atravesada en su enorme cama y se dio cuenta de que acababa de soñar con su padre. La sensación de que algo la amedrentaba la envolvió como un abrigo. Luego se acordó de la noche anterior y pensó que igual podía haber sido una reacción química de su cuerpo. Tenía una resaca de campeonato. Se levantó y, tambaleándose, se dirigió al gran cuarto de baño —el que tenía jacuzzi, mármol y todo ese lujo estúpido— con ganas de vomitar. Pero lo único que hizo fue dejarse caer en el suelo, donde se quedó sentada respirando con dificultad.

Al cabo de unos minutos se levantó y se miró al espejo, lo que tampoco le resultó particularmente agradable: tenía los ojos rojos como brasas. Acababan de dar las doce de la noche, así que no habría dormido más de un par de horas. Abrió un armario y sacó un vaso que llenó de agua. Pero en ese mismo instante se acordó de su sueño, y apretó tanto el vaso que lo rompió y se hizo un corte en la mano. La sangre empezó a caer al suelo. Maldijo su suerte mientras se daba cuenta de que le sería imposible volver a quedarse dormida.

¿Se pondría con el archivo cifrado que se había bajado el día anterior para intentar descifrarlo? No, no tenía sentido; al menos en esas condiciones. Así que se envolvió la mano con una toalla, se acercó a su librería y cogió un nuevo estudio realizado por Julie Tammet, una física de Princeton que describía cómo colapsa una estrella grande y se transforma en agujero negro. Y con ese libro se tumbó en el sofá rojo que había junto a la ventana que daba a Slussen y a la bahía de Riddarfjärden.

Fue empezar a leer y sentirse algo mejor. Era cierto que la sangre de la toalla goteaba sobre las páginas del libro y que la cabeza le seguía doliendo, pero se sumergió cada vez más en la lectura, y de vez en cuando hacía anotaciones al margen. En realidad no descubrió nada nuevo: ella ya sabía que una estrella se mantiene con vida gracias a dos fuerzas contrapuestas: por un lado, la de las explosiones nucleares internas, que tienden a expandirla y, por otro, la de la gravedad, que la mantiene unida en su conjunto. Ella lo veía como un acto de equilibrio, un tira y afloja que durante mucho tiempo se mantiene igualado pero que al final, cuando el combustible nuclear se va agotando y la fuerza de las explosiones va decreciendo, acaba teniendo irremediablemente un solo ganador.

Tan pronto como la fuerza de la gravedad empieza a sacar ventaja, el cuerpo celeste se retrae como un globo que pierde aire y va disminuyendo su tamaño poco a poco. De ese modo, una estrella puede quedar reducida a nada y desaparecer por completo con una elegancia impresionante, reflejada en la fórmula

en la que la G representa la constante gravitatoria. Karl Schwarzschild ya describió, durante la Primera Guerra Mundial, ese estado en el que una estrella se comprime tanto que ni siquiera la luz la puede abandonar; y en una situación así ya no hay vuelta atrás. Llegado a esa fase, el cuerpo celeste está condenado a caer. Cada uno de sus átomos es retraído hacia un punto singular donde el tiempo y el espacio se acaban y donde, posiblemente, se produzcan fenómenos aún más extraños, incidencias de pura irracionalidad en medio de un universo tan regido por sus leyes.

Esa singularidad —que, tal vez, más que un punto sea una especie de acontecimiento, una estación terminal de todas las leyes físicas conocidas— está rodeada por un horizonte de sucesos, y forma junto con éste un agujero negro. A Lisbeth le gustaban los agujeros negros. Sentía cierta afinidad con ellos.

Pese a eso, y al igual que Julie Tammet, su interés no se centraba primordialmente en los agujeros negros en sí, sino en el proceso que los crea y, sobre todo, en el hecho de que el colapso de las estrellas empiece en esa amplia y extendida parte del universo que solemos explicar con la teoría de la relatividad de Einstein y termine en ese mundo tan diminuto que obedece a los principios de la mecánica cuántica.

Lisbeth llevaba ya tiempo convencida de que con sólo describir ese proceso sería capaz de unir las dos lenguas incompatibles del universo: la física cuántica y la teoría de la relatividad. Pero eso, sin duda, se hallaba por encima de sus posibilidades, al igual que el descifrado de ese puñetero archivo. Irremediablemente, acabó volviendo a pensar en su padre.

Durante la infancia de Lisbeth, ese cerdo asqueroso había violado a su madre una y otra vez. Las violaciones continuaron hasta que su madre sufrió una serie de daños irreversibles y Lisbeth, a la edad de doce años, se vengó con una fuerza terrible. En aquella época no tenía ni idea de que su padre era un espía que había desertado del servicio de inteligencia soviético, el GRU, ni tampoco de que había una sección especial dentro de la policía de seguridad sueca, la Säpo, llamada la Sección, que lo protegía a cualquier precio. Pero ella ya se había percatado de que un aire de misterio rodeaba a su padre, una oscuridad a la que nadie se podía aproximar o insinuar que siquiera existía. Un misterio que también incluía algo tan aparentemente nimio como su nombre.

En todas las cartas y envíos se ponía como destinatario a Karl Axel Bodin, y todos los que no eran de la familia debían llamarlo Karl. Pero en casa se sabía que ese nombre era falso, que su verdadero nombre era Zala, o, para ser más exactos, Alexander Zalachenko. Se trataba de un hombre que con muy pocos medios podía infundir un miedo atroz.

El lanzamiento mundial es hoy

ESTOCOLMO.— Con más de 80 millones de lectores, la saga Millennium se enfrenta a un nuevo reto con la publicación, hoy, en 30 países, de su cuarta entrega, que llega firmada por David Lagercrantz, autor elegido por los herederos de Stieg Larsson para continuar la serie.

El lanzamiento de Lo que no te mata te hace más fuerte pondrá de nuevo frente a frente a la hacker Lisbeth Salander y al periodista Mikael Blomkvist en una historia que tiene que ver con el tráfico ilegal de información confidencial a nivel internacional.

La presentación oficial del libro se realizará durante una rueda de prensa en la editorial sueca Norstedts, donde se resolverá el misterio que rodea a esta cuarta parte. El título, un avance de la trama y la portada del libro, tan inquietante como las tres anteriores, fueron dadas a conocer en mayo pasado por la editorial Destino, que lo publica en español.

La revista Millennium ha cambiado de dueño y Blomkvist no parece pasar por su mejor momento cuando recibe la llamada de un investigador quien dice que tiene información vital para el servicio de inteligencia de EU.

Pero además del interés de los lectores por volver a sumergirse en Millennium, las miradas estarán puestas en aquel que aceptó el reto de escribir la cuarta entrega, diez años después de la publicación en Suecia de Los hombres que no amaban a las mujeres.

El escritor y periodista sueco David Lagercrantz (1962) fue el elegido por los herederos de Larsson, quien murió en 2004 de un infarto, a los 50 años, antes de ver el éxito mundial logrado por su trilogía. Lagercrantz, quien aseguró sentirse “emocionado y aterrorizado” ante el desafío, es conocido por Fall of Man in Wilmslow, una novela sobre la investigación del suicidio del matemático Alan Turing.

FCE, Venta nocturna

Grupo Planeta hará el lanzamiento mundial en español del cuarto libro de la saga Millennium en el marco de la 13ª venta nocturna del Fondo de Cultura Económica, que se llevará a cabo mañana en las librerías del sello mexicano.

EFE